Esa maldita vieja loca no paraba de mirar por la sucia ventana de su balcón.
Con sus pelos blancos y revueltos, y su cara cadavérica, asustaba a todos los niños del barrio. Esa maldita loca...
Fué una tarde de Agosto del 94. Todos los chavales de sexto de EGB nos reuníamos en "la plaza", un parquecillo de poco mas de diez metros cuadrados (ahora invadido por los rumanos) y allí pasábamos el verano. Con nuestras bicicletas, nuestros "flases" de diez pesetas y nuetros partidillos de futbol.
La vieja loca nunca se apartaba de su ventana, mirándonos fijamente con sus ojos sombríos y oscuros desde la segunda planta del edificio.
Precisamente jugando al futbol nos encontrábamos esa tarde. Fué un partido reñido. Ibamos empate a ocho, y estaba anocheciendo. Sabíamos que este iba a ser el último gol antes de que nuestras madres nos llamasen. La pelota me llegó, sabiendo que yo estaba dispuesto a jugarme el último tiro, y así lo hice.
Fué un disparo potentísimo. Tan potente que destrocé la ventana de la vieja.
Salimos corriendo como quien se juega la vida, tras escuchar el ruido de los cristales. No me atreví a mirar atrás.
Llegué a mi casa, pero caí en la cuenta de que ¡el balón era mío!. Debía ir por el, porque lo pagué con mis ahorros de la paga de cien pesetas semanales, y no me apetecía volver a ahorrar otros seis meses para un balón nuevo.
Me armé de valor, y me fuí dirección a la casa de la vieja. Ya era de noche, por lo que elavoré un plan rápido.
Ella era vieja, por lo que se iría a dormir pronto. Si pudiese escalar hasta la ventana y buscar el balón sin despertarla... si, era un buen plan.
Me aferré con todas mis fuerzas al canalón que bajaba desde el tejado, y que justamente pasaba pegado a la ventana de la vieja.
Lo escalé sin muchos problemas, y me asomé para ver si la vieja se había acostado ya.
La escena que pude ver era dantesca. La vieja estaba tendida en el suelo, con trozos de cristales clavados en su cara. En sus ojos estaban clavados los dos trozos mas grandes.
Llevaba unos grandes guantes de cuero, y un enorme sombrero con una gran pluma.
A su lado, estaba mi balón, pinchado por culpa de los cristales de la ventana de la vieja.
Maldita vieja... tuve que ahorrar otros seis meses para comprarme un balón nuevo.
A la vieja la encontraron semanas después muerta en su casa. Se la habían comido sus gatos, y nadie se ocupó de saber si seguía viva. Según lo que me contaron las "marujas", la encontraron desnuda y con señales de puñaladas. Algún loco intentó violarla.
Ahora yo tengo un bonito sombrero, con un plumero.
Don R.
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5 comentarios:
Desconcertante...
erm no quiero ser un puto nerd corrige faltas, pero al primer vistazo he visto "vicicletas", no se si esta hecho a proposito, si es asi no lo pillo y realmente soy un nerd
No suelo releerme y corregir los textos una vez los escribo, pero gracias. Fué un error de pulsación (la v y la b están pegadas).
Entonces descubristes que la casa de la bruja, en verdad era la casa de variedades de Springifeld no Bart Sip... digo Alex.
Doña Pito Pitorruna debe tener un pene ENORME.
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